Pensamientos de versos

 Los sueños pueden cumplirse bajo la vida de un algodón, soy ese escritor sin ideas, sin objetivo, solo con algo que extender, pero dentro de mí hay una chispa que anhela encenderse. Tal vez se trate de una historia esperando ser contada, un personaje aún por desarrollar, o un viaje que solo necesita el impulso adecuado para comenzar. La realidad puede parecer aplastante a veces, pero dentro del caos se encuentra la posibilidad de crear algo magnífico. Imagino un mundo donde las palabras fluyen como ríos y los pensamientos encuentran su cauce sin esfuerzo. Es en este espacio donde deseo sumergirme y explorar mis propias limitaciones. 



A menudo, la duda me asalta: ¿seré capaz de transformar mis pensamientos vagos en una narrativa cautivadora? Sin embargo, sé que cada escritor ha enfrentado este mismo desafío. Es crucial recordar que cada palabra cuenta y cada idea es un ladrillo en la construcción de algo más grande. Puede que no tenga claridad ahora, pero estoy convencido de que con perseverancia y dedicación podré dar vida a esas visiones etéreas que rondan mi mente. Después de todo, incluso el algodón más frágil puede convertirse en un tejido fuerte si se le da el tiempo necesario para entrelazarse y crecer.



Sobre las ideas, quiero proteger el agónico

 momento de morir, de querer existir y sobre las llaves de un adiós innato, las cicatrices son el aroma del paisaje, sobre las palabras se llena el viento del alma, y en cada susurro se despliega la esencia de lo que fuimos. La lucha entre el deseo de permanecer y la inevitabilidad del adiós forma un eco profundo en el corazón. Es un dilema que nos define, donde cada llanto resuena como una melodía perdida, recordándonos la fragilidad de nuestra existencia. Es esencial entender que estas emociones son más que simples momentos; son las huellas imborrables dejadas por aquellos a quienes amamos y perdimos. Cada herida cuenta una historia, un testimonio del amor incondicional que hemos experimentado y también del dolor que llevamos dentro. En este paisaje emocional, las cicatrices no solo representan sufrimiento; son símbolos de resistencia, recordatorios tangibles de nuestro paso por esta vida efímera. Al enfrentar ese agónico momento de despedida, debemos abrazar nuestras experiencias pasadas con gratitud y valentía. Las llaves a ese adiós innato no deben ser vistas como cadenas que nos atan al sufrimiento, sino como puertas abiertas hacia nuevas posibilidades: el renacer a través del recuerdo y la esperanza renovada en los corazones que aún laten por nosotros. Al final del día, somos quienes elegimos cómo interpretar esas palabras susurradas por el viento del alma; su significado puede transformarse en luz o sombra según nuestra voluntad para aceptar lo inevitable con dignidad y amor.

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